miércoles, noviembre 11, 2009

Todotransmutante [Masturbación Negra nº3]


Cadeau, Man Ray


EL EROTISMO ES UN MUNDO DEMENTE

(CORRELACIÓN DE LA OBRA CADEAU DE MAN RAY Y UNA PÁGINA DE PERIÓDICO DE 1992 EN LA QUE COMPARTEN ESPACIO COMUNICATIVO UNA FOTOGRAFÍA DE GUERRA CON UN CADÁVER CALCINADO Y VARIOS ANUNCIOS ERÓTICOS DE CARÁCTER FRÍVOLO
)


Man Ray llega tarde. Man Ray llega sin regalo. Saluda, felicita nervioso. Quejándose de su vejiga aprovecha para ir al baño. En el camino, rapta criminalmente la plancha del festejado, que carga con un remordimiento ácido y placentero. Sentado en el wáter, saca del bolsillo izquierdo de su americana un puñado de clavos: Industrias Surrealistas S.A.

Siempre a mano para un sueño hipnótico de final imprevisible

Mañosamente logra incrustarlos en los agujeros destinados a la salida del vapor. He ahí Man Ray en paz. He ahí el esfínter y la conciencia de Man Ray en paz. Un cadeau para la rutina. Un cadeau para un hombre aburrido, que recibe con alegría insospechadamente emotiva el regalo de Ray (como todo hombre desacostumbrado a la cultura, venera ridícula y religiosamente la parafernalia del individuo intelectual, sea esta de valor o no). La fiesta termina. El cerebro borracho de Man Ray le propone a Man Ray introducirse sutilmente un clavo en la uña del meñique. Pero Man Ray no está suficientemente borracho. Antes de abandonar la casa, felicita de nuevo a su amigo, animándole a usar cuanto antes su cadeau. Hoy, una plancha con clavos, mañana, quizá, fotografiar a Duchamp travestido como la coqueta Rrose Selavy.

La monótona querencia del surrealista, se lamenta el cerebro borracho de Man Ray

Pero ni el travestismo de Duchamp ni el voyerismo de Ray interesan al cumplidor de años, que se acuesta satisfecho.

*

Media hora más tarde de su horario habitual, despierta con la boca aún pastosa de nata y alcohol. No llegará a la oficina. Maldice agriamente ser el único amigo de un surrealista que trabaja en una oficina. Plancha con furia su camisa con el cadeau de Ray. En la tabla reposa el periódico del día anterior. Ojea: “No sé que de un muerto en no sé donde a causa de la guer…” “Siempre lo mismo. Qué barbaridad” se interrumpe a si mismo. Lanza un ojo obsceno al anuncio del nuevo espectáculo de una de las discípulas más aventajadas de la Fuller, advirtiendo, con una sonrisa bobalicona, como bajo la blusa, que deja vislumbrar más de lo moralmente permisible, la discípula está también bastante aventajada. Todo coincide: la gota de saliva cae, la camisa se desgarra, burbujea la sangre, la rutina sepultada en la basura bajo agallas de pescado, la oficina distante. Incluso la bailarina (con menos ropa de lo moralmente permisible) deja de existir. El universo del que ayer era un año más viejo, y hoy un año y una mañana más viejo (y poseedor de una camisa menos), se reúne en la repugnante y morbosa plancha de Ray y en una tela roída por el metal.

Maldice agriamente ser amigo de un surrealista.

Inesperadamente, rasga en su cerebro a la bailarina con la plancha claveteada. A lo lejos, huele un cadáver calcinado en un país extranjero. La sangre abandona la visión y viaja hasta el pene, abriendo uno de los botones del pantalón. El homenajeado se golpea avergonzado la entrepierna. El pene, por su parte, responde con babas.

Hoy no le apetece ir a trabajar. Hoy no puede ir a trabajar.


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Renee Vivien escribió en un poema: El mundo es un jardín de placer y de muerte. Este verso, a modo de fulminante epitafio (tan cándidamente cierto), está manifiestamente grabado al rojo vivo en el mango de la aparentemente sádica plancha de Man Ray (al igual que en la página del diario).

Sin lugar a dudas, una plancha con clavos provoca al instante rechazo. Y es que de por si, la plancha no es un instrumento especialmente atractivo, pues implica trabajo, calor, ruido. No es gratuita así la elección de Ray, que crea, con el añadido de los clavos, una imagen paradigmática del dolor. No obstante, más allá de lo que pueda parecer, esto no resulta nocivo. El dolor provoca la ruptura, como pueda suceder a un masoquista cuando ciertos límites físicos son rebasados con la promesa (y la llegada) del placer. Éste particular cadeau no es una realidad alterada, sino un alterador de la realidad. La realidad de la rutina. Una plancha corriente, aparentemente benigna, es uno de los muchos factores cotidianos que contribuyen al asentamiento de una rutina vital. De esta manera, podría decirse que la plancha es el instrumento ejecutor, y que la camisa el condenado (al igual que el dueño de la camisa). En el regalo de Man Ray hay un objetivo bien distinto. Introducirse en la camisa, desgajarla mientras la superficie hirviente alisa la tela que queda todavía de una pieza, acabar con la prenda. En definitiva: matar. Matar la rutina. Romper la condena.

Por suerte, existe una opción para aquellos aterrados por la situación: crear una prenda adaptable al cadeau de Man Ray.

De modo más evidente, puede observarse en la página de periódico una estructuración ideológica similar. Eros y Tanatos paseando felizmente de la mano a lo largo y ancho de una mohosa página de tirada nacional. No hay duda, el añadir clavos a una plancha (rutina) no difiere en exceso de añadir anuncios frívolos o eróticos junto a noticias relacionadas con muertes, guerras o vaivenes políticos (todo esto también rutina). De hecho, probando a ser ligeramente menos sutiles, pero igualmente efectivos, si tatuásemos el cadáver de la carreta en el fascinante culo de Eros Phone, la situación sería la misma, con la salvedad de que seriamos acusados, injustamente, de salvajes.

Definitivamente, para aquellos aterrados (y desesperados) por la situación, existe otra opción: planchar la página con el cadeau de Man Ray.

Solo entonces podremos estar totalmente tranquilos.

Bataille (que estuvo obsesionado toda su vida con la idea de que en una popular fotografía de una aplicación del Leng Tche, antiguo suplicio chino consistente en cortar al condenado en cien pedazos mientras aún vivía, el reo tenía una expresión clara de placer y éxtasis carnal) lo dijo:

El erotismo es un mundo demente



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Renee Vivien mulitusos

4 comentarios:

luna dijo...

el demente miente

Julio Castelló dijo...

Como también soy un "hombre desacostumbrado a la cultura" admiro tu conspiración y me cubro de estupor. Hoy tampoco iré a trabajar. Creo que nunca he trabajado.

tournesols dijo...

man ray me excita.

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

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