Alfred Kubin CUANDO DIGO CEREBRO, QUIERO DECIR...No a la magia blanca que me abraza las caderas.
Beso los hechizos de los mahories, las crias vudus,
y los exaltados cazadores que pintan sus presas
y las nombran despues.
Una vez cazada la bestia de los apetitos, la
negra Maba con su negro Caput, dan vueltas
negras por el suelo. A el, erguido como un
humano digno, le cuelgan las pelotas, y el pene
se le agita con gracia vegetal.
Ella se encarama a un arbol, y cierra la sombra
de sus pechos en el atardecer. Abajo, sujetos
por las raices del arbol milenario, plantado en
la vispera, Angdagma, Sepel y Margko, salivan
por el dulce agujero de Maba.
Pero la noche es larga, y el semen corto.
Caput los llama con una patada en el culo, y encienden
una hoguera de ron y sangre.
Anochece en la selva, los tribales sueñan. Maba
tiene un bombon en el utero, Caput dice ironico,
en sueños, “
¡Caput!”.
Yo no vivo en la selva. Quisiera hacerlo.
Comer arboles, sexualizar el verde.
Vivir frente al fuego, entre conexiones neuronales
de magia simpatica.
Por
la Peste y en
la Peste.